PROPUESTA COMUNICACIÓN-EDUCACIÓN
RODRIGUEZ. Paola*
CAMARGO PARDO. Andrea CATALINA*
JUSTIFICACIÓN
Revisar la situación de los adultos mayores en el Quindío, como receptores de medios, es empezar a pensar a la comunidad como una integralidad de seres con igualdad de derechos y deberes, pero con igualdad de inquietudes, puesto que es hora de hacer conciencia de que si todos vamos a llegar a la edad de jubilación y más, es importante preparase para ella.
Un estudio como el que se proyecta en esta propuesta, representa un llamado de atención hacia los medios para que den un paso adelante y reconozcan las necesidades de un público que crece continuamente, pero también constituye una herramienta de trabajo sobre la cual basarse para planear una programación más adecuada con los veteranos del siglo XXI, que si bien se educaron con la radio pasaron toda su vida laboral con la televisión y ahora deben adaptarse a los medios virtuales si no quieren desaparecer para una sociedad cada vez más hipermediatizada.
Se platea trabajar con la televisión puesto que es el medio de mayor penetración cultural, el de más fácil acceso, pero también el que crea mayor dependencia puesto que ofrece compañía y está las 24 horas del día a disposición del consumidor.
Las dinámicas sociales se han transformado debido a que ahora la mayoria de los adultos mayores son pensionados lo que les permite cierta independencia económica, es nesario resaltar el caso particular del Quindio cuyo producto interno bruto en su mayor parte proviene de las remesas del exterior las cuales vienen a parar en manos de los adutos mayores que se han encargado de educar y educar a los nietos de los hijos que están en el exterior lo que les da una situación de poder sobre la familia que tiene a su cargo. Es asi como entonces los adultos mayores tienen ahora unas nuevas responsabilidades en esta etapa de sus vidas; por dicha razón, es importante indagar sobre cómo esto ha afectado su relación con los medios y si los medios siguen respondiendo a sus necesidades de entretención, información y educación como lo hacian en edades más tempranas.OBJETIVOS
General
- Realizar un perfil de las personas mayores de Armenia y del departamento del Quindío, como audiencia televisiva en el 2010.
Específicos
· Identificar qué tipos de programas y canales de televisión ven los adultos mayores y reconocer quién toma las decisiones de televidencia en los lugares donde reside.
· Identificar los sistemas de selección y jerarquización entre la oferta televisiva a la que tiene acceso la persona mayor.
· Comparar las tendencias de visualización televisiva (programas televisivos) entre los estratos socioculturales de Armenia y del Quindío.
· Indagar sobre la interpretación que hacen las personas mayores sobre las representaciones mediáticas de los adultos mayores en los programas televisivos de mayor audiencia.
PLANTEAMIENTO DEL PROBLEMA
El envejecimiento es un proceso que viven todos los seres desde el momento en que nacen, pero los seres humanos son los únicos que desarrollan cultura y por eso mismo encuentran manera de responder a los retos que la edad impone. La visualización de las personas mayores cambia según el tiempo y el desarrollo sicosocial de las comunidades, pero se sabe por ejemplo que en épocas muy primitivas a los ancianos los dejaban atrás para que sirvieran como carnada y así distraer a los depredadores, con el tiempo pasaron a ser venerados a considerarse “sabios” y eran los encargados de ofrecer consejos para la administración de la comunidad, actualmente con la centralización de la mirada en la juventud otra vez han pasado a estar en un segundo plano en el que son respetados pero no admirados ni considerados como mercado, lo que para una sociedad basada en la oferta y la demanda implica casi que la condena a la oscuridad para aquellos que no entran en este esquema.
Sin embargo es algo que tiene que pensarse, ya muchas veces se ha dicho que la nuestra es una sociedad con tendencia a la vejez, es decir, si ahora la mayor parte de su población está por debajo de los 65 quiere decir que en unas pocas décadas la cifra se invertirá y la mayoría de los colombianos serán personas mayores. El descenso en los nacimientos y el alcance de mejores servicios médicos para todos ofreciendo una más alta esperanza de vida apoyan esta idea.
“Es evidente como al pasar los años, la base de la pirámide se ha ido estrechando, con ampliación simultánea en la punta describiendo de esta forma la disminución de la población joven y el incremento de los adultos mayores, especialmente el aumento de los más viejos. Se espera que para el 2050, el total de la población sea cercano a los 72 millones, con una esperanza de vida ligeramente superior a los 79 años y con más del 20% de los pobladores por encima de 60, lo cual se traducirá en una estructura de la pirámide poblacional en forma rectangular.”(Minproteccion, 2007; 2).
Con la exploración temática de la relación persona mayor – audiencia – televisión lo primero que se encuentra, sin que esto signifique una sorpresa, es que hay muy pocos trabajos relacionados con este tema y especialmente donde se encuentre una referencia directa a las personas mayores como receptores o interlocutores de los medios. Tan sólo dos libros lanzan su mirada sobre los mayores, y ambos tienen como miembro ejecutor a la doctora Eliza Dulcey-Ruíz como representante del Centro de Psicología Gerontológica con sede en Bogotá, el primero titulado “El envejecimiento y la vejez en prensa escrita: análisis comparativo” (2002) y la compilación de las charlas ofrecidas por distintos representantes de los medios en el coloquio sobre periodismo para todas las edades realizado en la Universidad Javeriana en 1999, el cual se titula “ Periodismo y comunicación para todas las edades” publicado por el Ministerio de Comunicaciones.
Reconociendo que ya se han hecho estudios de cómo la prensa y los medios ven a las personas mayores, ahora es necesario indagar sobre qué es lo que ven las personas mayores, pero más allá de esto es también hacer un reconocimiento de qué es lo que necesitan ver, aceptando que son dos cosas diferentes puesto que el primero tiene que ver con los gustos mientras que el segundo tiene que ver con la aplicación de los esquemas de responsabilidad social que deben tener los medios para con las personas mayores. Por eso una de las preguntas a resolver es: ¿Cómo interpretan las personas mayores las representaciones mediáticas de los adultos mayores en los programas televisivos de mayor audiencia en éstos?
Otra razón para abordar este argumento investigativo es la necesidad inaplazable de lograr que la comunidad en general, especialmente la del Quindío teniendo en cuenta que una parte importante de su población (10,9%) es mayor de 65 años, pero que su gran mayoría de pobladores (43%) está entre los 14 y 24 años lo que indica que para el 2050 serán personas mayores que por razones del sistema cultural actual no se están preparando para ser viejos. Por lo tanto sería importante tratar de resolver la siguiente pregunta:
¿Cuáles los sistemas de selección y jerarquización entre la oferta televisiva a la que tiene acceso la persona mayor?
También es importante reconocer que todas las personas mayores no son iguales, dependiendo de su nivel educativo, de su dependencia de los sistemas sociales o familiares, de su historia de vida incluso, dependerá también los tipos de programas a los que se acerquen. Pero para responder a esto también es importante revisar cuál es la oferta televisiva con la que cuentan, considerando que según datos de la Comisión Nacional de Televisión el 86% de los colombianos cuenta con algún servicio de cable, es prudente pensar que la gran mayoría de la población mayor de 60 no se queda sólo con lo que los canales nacionales les ofrece.
Por eso algunas de las preguntas que se quisieran resolver serían:
· ¿Qué tipos de programas y canales de televisión ven los adultos mayores y quién toma las decisiones de televidencia en los lugares donde reside?
· ¿Cuáles son las tendencias de visualización televisiva (programas televisivos) entre los estratos socioculturales de Armenia y del Quindío?
· ¿Cómo interpretan las personas mayores las representaciones mediáticas de los adultos mayores en los programas televisivos de mayor audiencia?
Para poder llegar a resolver la cuestión más importante que se teje alrededor de este tema:
FORMULACIÓN DEL PROBLEMA
¿Cuál es el perfil de las personas mayores de Armenia y departamento del Quindío, como audiencia televisiva en el 2010?
UBICACIÓN EPISTEMOLÓGICA - TEORÍA DE LA COMUNICACIÓN/EDUCACIÓN
EDUCACIÓN PARA LA RECEPCIÓN
MEDIOS AUDIENCIAS Y RECEPCIÓN/ DEFINICIÓN DE AUDIENCIA
Desde que el ser humano se inventó el espectáculo también definió sin querer la recepción y desde entonces los seres humanos están en la búsqueda de qué hacer en sus horas muertas, siempre están buscando cómo entretenerse o estar informados, es decir acercarse a la realidad a través de los medios o alejándose de ella al entrar en historias ficticias que le muestran mundos irreales.
No sólo se trata de diversión, sino de reconocer las acciones de otros como acciones correctas o incorrectas y modelizar una sola idea de sociedad. Sin embargo, entre más los medios han tratado de crear una unidad de criterio, más distantes estamos unos de otros. Desde que Horkheimer y Adorno, en 1947 hablaron por primera vez del caos cultural que crearon los medios al convertir en industria algo que por muchos siglos estuvo cubierto por un aura de santidad, el arte. Se crea una “unidad de sistema” que responde a la lógica de la Industria Cultural que Barbero (1998) describe de esta manera:
“La ´unidad de sistema´ es enunciada a partir de un análisis de la lógica de la industria, en la que se distingue un doble dispositivo: la introducción en la cultura de la producción en serie ´sacrificando aquello por lo cual la lógica de la obra se distinguía de la del sistema social´, y la imbricación entre producción de cosas y producción de necesidades en tal forma que ´la fuerza de la industria cultural reside en la unidad con la necesidad producida´”. (Barbero, 1998; 53)
Estas apreciaciones de Horkheimer y Adorno que describe Barbero (1998), han sido ampliamente divulgadas y comentadas a lo largo de los años, sin embargo pronto se descubrió que algunas de sus apreciaciones no eran tan cercanas a la realidad como ellos lo manifestaban. En principio, el hecho de que todos nos acerquemos a un mismo producto masificado y repetido en series continuas, no hace que se desconozcan los valores del buen arte. La idea de que todos vemos el mismo programa y por lo tanto estamos condenados a pesar de la misma manera (si, es una reducción bastante rústica de toda la propuesta de Adorno, pero se acerca al punto que aquí se quiere presentar), fue rebatida y se entró a pensar en el sistema de mediaciones que rodean al ecosistema comunicativo.
Las mediaciones, consideradas como la influencia que tienen las diversas instituciones sociales sobre la lectura e interpretación que se hacen de los mensajes mediáticos, implica reconocer que no existe una sola manera de ver la televisión, de escuchar la radio, de leer la prensa, sino muchas. Esta diversidad de lecturas llevó a los teóricos de los medios y a los creadores de programación a reconocer que no deben producir a un público sin conocerlo, por lo tanto se empezaron a hacer estudios sociales y psicológicos para entender a las audiencias.
Entendiendo entonces audiencias como el público que recibe mensajes a través de un medio de comunicación, habitualmente televisión o radio, que son los sistemas masivos por excelencia, se crean clasificaciones concretas para ubicarlas más claramente para su análisis; estos son:
Audiencia potencial: Forma parte de ella todo individuo que sea susceptible de ver un programa de televisión.
Nicho de audiencia: Es una parte de la audiencia potencial que según ciertos precedentes puede aventurarse y que se puede convertir en audiencia real.
Audiencia real: Es el número de personas que siguen un programa.
Índice de audiencia: Es el porcentaje de la audiencia real respecto a la audiencia potencial que podría tener ese programa.
Target: Se corresponde con la audiencia tipo de un programa o por el perfil del espectador buscado por éste.
Cuota de pantalla o share: Es el reparto de las audiencias reales entre todos los canales expresado en porcentajes.
“Por una parte, la televisión es percibida por sus audiencias, ante todo, como una fuente de entretenimiento y diversión. Es considerada como un recurso para pasar el tiempo libre y, desgraciadamente, cada vez más también el tiempo no libre, en tanto sirve a los televidentes como pretexto para escapar de otras responsabilidades y deberes cotidianos, como ha quedado manifiesto en la investigación internacional sobre los procesos de la recepción.”(Orozco 1998a)
Con ello se generan grupos de personas afines a determinadas temáticas pues los medios les ofrecen información de su interés actuando en el efecto emocional de estos.
La televisión concibe unas lógicas en la organización de sus espacios a través de sus parrillas de programación dividiendo y pensando en la emisión de cada programa, es decir, qué programa se debe crear para qué espacio, qué públicos estarán viendo estos programas y cómo organizar estos programas desde las lógicas de flujo, es decir desde su distribución horizontal y vertical las cuales son determinadas por las dinámicas sociales; las rutinas que diariamente se practican clasificándolas de lunes a viernes y los fines de semana o si los televidentes son rurales o son urbanos. Dentro de la lógicas se analiza la circulación de la televisión respecto al canal en el que está, si es extranjera, nacional, regional, local, etc. y también se analiza cómo se debe comercializar los productos dentro de los programas.
LA TELEVIDENCIA Y EL TELEVIDENTE
La “televidencia” es un término utilizado por el investigador mexicano Guillermo Orozco para referirse a la actividad intelectual y mediadora de ser televidente, es decir, se empieza a concebir al televidente como una persona activa frente a su capacidad de aceptar, reproducir y procesar los mensajes que la televisión ofrece. Es decir, la televidencia es un proceso que se desarrolla dentro del conjunto de interacciones que realizan las audiencias y que al ser internalizado por el televidente es un recurso pedagógico importante, puesto que rebasa por mucho el momento mismo de la visualización de los programas.
Con lo anterior, se entiende que hay una diferencia básica entre ser televidente y la televidencia, lo primero se refiere al simple acto de mirar los programas lo que tiene que ver directamente con ejercer un control de selección y jerarquización frente a la oferta televisiva; mientras que lo segundo, se refiere a las actividades paralelas y subsiguientes que se derivan del acto de ver televisión.
“La televidencia no es reducida a la relación de la audiencia con la programación, sino que es entendida, lo más integralmente posible, como un proceso largo y complejo que rebasa el momento mismo de estar en contacto directo con el televisor; un proceso mediado desde diversas fuentes y condicionantes que involucra distintas dimensiones cognoscitivas (racionales, afectivas, estéticas, simbólicas) y transcurre, y se va conformando como tal a lo largo de diversos escenarios, donde a su vez transcurre y se conforma la vida cotidiana, las identidades y la producción cultural de las teleaudiencias.” (Orozco, 1998; 171)
El proceso de ver televisión hace referencia directa a un ecosistema comunicacional en la que los seres humanos se sitúan de manera diferente frente a su necesidad básica de comunicarse, ya el sistema tradicional de la comunicación cara a cara no tiene el mismo efecto que antes. Estamos en un momento del tiempo en que la gente no tiene que gritar en la plaza pública sus desacuerdos porque los puede expresar con más fuerza y a más personas a través de los correos electrónicos, puede estar triste por los niños hambrientos de un país remoto pero tranquila porque en el fondo se siente solidaria y cree on seguridad que alguien terminará por hacer algo por ellos, sabe que la edad ya no importa pues aunque las autoridades separen la programación por horarios destinados a ciertas audiencias llegará el momento en que algún pequeño le pregunte a su padre porqué el noticiero o los reallities muestran lo que muestran. La televisión genera más comentarios que las vivencias diarias, provee más información que la escuela, es más barata que una salida al centro, ofrece múltiples experiencias que en ninguna vida individual se repetirán y, como aliciente adicional, acompaña sin exigir apego emocional alguno.
Todo lo anterior, reconocido como efectos del acto de la televidencia, han convertido a la televisión en una institución más de la sociedad, tan importante como la familia, la iglesia y el Estado. Al proyectar la televidencia como un producto del medio, también se debe reconocer el compromiso que recae sobre aquellos que ven la televisión para mirar e interpretar, pero también para exigir mejores propuestas de programación no sólo en cuanto a su calidad sino en cuanto a que estas cubran sus necesidades de información, de entretención y de conocimiento, las cuales van más allá de sus gustos. Por otro lado, está la responsabilidad social que recae sobre los investigadores en conocer esas necesidades para poner en contacto audiencia y productores para proveerles los datos que requieran para ejecutar los cambios.
Los procesos de televidencia, según Orozco, se dividen en cuatro componentes: gramática, mediacidad, tecnicidad e institucionalidad. El primero se refiere a las características de organización y creación del medio, el cual tiene un lenguaje y una sintaxis propia que debe ser conocida para ser correctamente interpretado el mensaje que los productores del medios brindan. La mediacidad está dada por las acciones del medio mismo y tiene que ver con estrategias y ritualidades, esto quiere decir, que la programación se organiza en paquetes, formatos y horarios para asegurar la audiencia, mientras que las ritualidades buscan lograr que se generen acciones habituales que impliquen llenar el tiempo de los televidentes robándoselo a otras acciones. La tecnicidad, es un componente dirigido directamente al soporte tecnológico que mantiene vivo y hace emocionante el acto de ver televisión influyendo en la demanda del desarrollo de ciertas destrezas técnicas que finalmente conllevan a un cambio en los formatos. En lo que se refiere a la institucionalidad de la televisión, su insersión en la sociedad desde aspectos culturales, económicos y políticos la convierten en un medio de alta penetración lo que ha hecho que se alié escencialmente con los poderes políticos y económicos convirtiéndola no sólo en el pináculo del cuarto poder, sino en uno de los rubros económicos más importantes del país.
La televidencia, como se ha dicho, es un elemento que implica educación de las audiencias e involucra los cuatro componentes de los que se habló arriba. En lo que se refiere a la gramática del medio, el peor error que se comete es el creer que basta con “ver” la televisión para entender lo que esta quiere decir, cuando las sutilezas del uso de signos y símbolos hace que su mensaje sea más críptico de lo que parece. Luchar a través de la pedagogía con la mediacidad televisiva, es aún más difícil, mientras la primera se soluciona impartiendo clases sobre lenguaje televisivo, con esta se debe apuntar a cambiar los hábitos, a lograr que la gente reconozca qué tan dependiente se ha hecho de las imágenes y llevar a los que hacen televisión a que no se busque quietud sino interacción traducida en acción. La tecnicidad viene dada en dos opuestos, el primero es que el cambio continuo de soportes tecnológicos requieren que se cambien los formatos pero también la forma de percibirlos e interpretarlos, pero a su vez esto es una posibilidad de mayor y mejor uso educativo porque permite que se motive más a la gente con programas entretenidos que les permitan aprender si y solo si, los que hacen televisión reconocen el cambio de percepción que se da en las audiencias y las necesidades de visualización de estas.
La televidencia se inicia desde el momento en que alguien se vuelve un televidente, no es igual para aquellos que sólo de vez en cuando ven algo pero no le hacen seguimiento a nada, aquellos que les da lo mismo ver un noticiero que una telenovela o un relality. Es bien sabido que actualmente las horas que se pasan frente al televisor (dato que hace una década trasnochaba principalmente a padres y educadores, cuando se suponía que un adolescente promedio pasaba de dos a tres horas diarias frente al tv), han sido no reemplazadas, pero sí superadas por las horas que los jóvenes pasan frente al computador navegando (entre dos y cinco horas diarias). Sin embargo, este promedio no es igual para las personas mayores, a pesar de que no existen datos separados por edades se sabe que las personas de más de 60 años quizá por costumbre o por desconocimiento del nuevo medio, aún no han puesto a competir su programa favorito con la web 2.0 como si lo han hecho los niños.
“Lo preocupante comienza con la simple monopolización televisiva del tiempo libre de las audiencias, en lo que sería reforzar una tendencia hacia un monoactivismo cultural y continúa con una monopolización de los referentes sobre el sistema social y la "cultivación" de ciertos modelos y perspectivas. Todo esto independientemente del contenido u orientación ideológica explícita que tenga la programación televisiva.”(Orozco, 1998;175)
Según la firma Ibope, dedicada a la medición cuantitativa de las audiencias, en Colombia los programas que más se ven son en su orden: novelas, series , concursos y noticieros. Por eso antes y después de cualquier noticiero, hay telenovelas, de esta manera se aseguran su audiencia y de alguna manera le da lógica al hecho de que banalicen las noticias ya que la mitad del noticiero son para espectáculo, chismes, cocina y deportes ofreciendo una oferta limitada a los televidentes, especialmente aquellos que tienen más tiempo para ver televisión como los adolescentes y aquellos que buscan consuelo y compañía en ella como los adultos mayores.
CONTEXTO SOCIOCULTURAL DEL ADULTO MAYOR COMO AUDIENCIA
Según la Asociación Quindiana de Gerontología, apoyados en datos provenientes del DANE, para el 2005 en el departamento se censaron 534.552 mil habitantes de los cuales 57.696 son mayores de 60 años, cifra que tiende a aumentar dado el descenso en la fecundidad y el aumento de la esperanza de vida no sólo a nivel nacional sino a nivel mundial, por lo que se prevee que para el 2020 la cifra de adultos mayores alcance los 93 mil.
Dentro de esas cifras se pone de manifiesto que la población del departamento en el 2005 tiene un grueso poblacional representado en los adolescentes ubicados entre los 10 y 14 años, que para este año ya deben estar entre los 15 y los 19 años, esto indica que el Quindío es aún un departamento joven, de hecho la nación entera es una nación joven, razón que llevaría a explicar porqué la sociedad se ha vuelto una comunidad centralizada en la juventud dejando a un lado la ya vieja y casi obsoleta consideración de la ancianidad como sinónimo de sabiduría y reflexión.
“Se trata de una nueva generación de ancianos: más saludable, mejor educada y más productiva que la de sus antecesores, la cual coexiste con otra nueva generación: la de jóvenes cuyas edades oscilan entre los 15 y 24 años, conformada por 1.100 millones de personas, la cifra más alta que se haya registrado nunca antes en el mundo. Esta población de jóvenes crece rápidamente en muchos países y está entrando en la etapa de la procreación.” (Borrero, 2004; 19)
Como lo apunta Borrero (2004) en el libro de ensayos coordinado por Eliza Dulcey-Ruíz “Comunicación para todas las edades”, estamos en un momento álgido desde todos los niveles de la comunicación humana en la que las relaciones intergeneracionales están fundamentando el desarrollo social, económico y cultural. El comercio dirige todas sus armas de convencimiento hacia la comunidad joven, no porque sean los de mayor poder de compra pero sí porque son los de mayor nivel de consumo y porque son más. Mientras que no hay trabajo para los más jóvenes, cada vez se disminuye más la edad para tener derecho a ser considerado productivo en una empresa y se cierran las oportunidades de empleo para los que han superado la etapa de la juventud pero que no han llegado a la tercera edad.
Estos cambios de concepto con respecto a la percepción de las edades y la productividad son un desafío para la comunidad en general, pues implica adaptaciones a cambios inesperados como el de tener viejos con mayor nivel educativo frente a jóvenes con una capacidad única de autodidactismo tecnológico, o que la gente mayor aún llena de vida y con deseos de ser productiva no se quiera jubilar mientras que por otro lado está el deseo de los jóvenes de continuar por más tiempo en la casa paterna por físico miedo a enfrentarse a un mundo en el que no hay cabida para su inexperiencia.
EL ADULTO MAYOR EN LOS MEDIOS
Es cierto que los medios no hacen énfasis en la edad de los personajes que aparecen en las narraciones o en las fuentes que se entrevistan en los noticieros, no importa su edad sino lo que tenga que contarle al mundo. Muchas veces aparece gente mayor como parte de las noticias, pero no hay porqué esperar que se diga algo como: “el adulto mayor, Belisario Betancurt, expresidente de Colombia sostuvo que…”, para los medios y para la gente en la mayoría de los casos cuando una persona está activa en la sociedad, es funcional y responde con las responsabilidades que se le han destinado. Las pocas veces que se comenta específicamente sobre alguien relacionándolo como “de la tercera edad” es para llamar la atención sobre hechos violentos o procesos judiciales en donde generalmente son víctimas o para gritar alarmados cuando son victimarios. El resto del tiempo permanecen ocultos para los medios.
Los incluyen en casos extraordinarios, pero los ignoran el resto del tiempo, como dice el periodista Javier Darío Restrepo (2004) con respecto a los pobres en los medios: los excluyen cuando se trata de contar cómo son, qué piensan, pero sobre todo para decir cuál es la riqueza que nos pueden aportar.
Esta desconsideración con la gente mayor se ha extendido en casi todos los aspectos, convirtiéndolos en una comunidad excluida y casi invisibilizada en todos los ámbitos sociales, incluido uno de los más importantes e influyentes de los siglos XX y XXI, la televisión.
En 1983, Elsa Jaramillo y Elisa Dulcey-Ruíz se pusieron a la tarea de analizar cuál era la frecuencia y la forma en que los diarios nacionales trabajan el tema de los adultos mayores, o los representan de alguna manera y encontraron que en su mayor parte cuando se habla sobre ellos es en la sección femenina y en los temas de hogar en redacciones atemporales que los alejaban de los temas de actualidad.
Quizás este modo aparente de ignorar la vejez tenga una directa relación con la manera en que se desenvuelve el mundo laboral de los periodistas, especialmente los de televisión en donde las dinámicas de envejecimiento tienen unos límites de edad más reducidos que en el resto de profesiones, tal y como lo apunta Darío Fernando Patiño (2004) en su ensayo “Periodismo y vejez”:
“En las condiciones actuales, los medios constituyen las cámaras de envejecimiento prematuro más efectivas del mundo. Inclusive le ganan al deporte, donde las edades promedio de envejecimiento están escasamente por encima de los 30 años. La edad promedio de ingreso a la actividad periodística en televisión está alrededor de los 22 años, cuando se termina la carrera universitaria; y la edad de egreso, cercana a los 27. Eso implica una vida útil de cinco años para la mayoría de reporteros y reporteras en televisión, hecho este que marca un envejecimiento bastante prematuro.” (Patiño, 2004; 62)
Una exigencia de tiempo tan corta para desarrollar la profesión lleva a tener medios que son ejercidos por personas sin historias y que por eso mismo prefieren no tenerla en cuenta, porque no significa nada para ellos, y cuando por razones del contexto socio-cultural se les pide que se esfuercen en hacer algo que lleve a la nostalgia y traiga recuerdos o provea antecedentes históricos para un análisis deriven en clichés, pues las notas invariablemente se producirán en blanco y negro o en sepia y lo más probable es que sean musicalizadas con boleros o música clásica, eso es la historia, eso es la vejez.
Tal cosa da alguna luz para entender la invisibilización de las personas de la tercera edad en los medios, cómo pueden existir si para quienes los realizan llegar a esa edad es impensable. La verdad es que un país hecho para los jóvenes no sabe cómo prepararse para la vejez.
Las personas de la tercera edad constituyen el 9,5% de la población total en Colombia, no es que sean pocos y en 20 años cuando los jóvenes actuales –que son muchos ahora- alcancen su madurez entonces serán muchos más y parece que nadie se está preparando para tener una programación adecuada para ellos.
Todo esto lleva a repensar la manera en que se concibe a la gente mayor cuando se trata de considerarla como parte del círculo productivo de los medios masivos de comunicación. Ellos representan en el Quindío el 10,84% del total de la población, por eso nos remitimos a estos datos para empezar a identificar a los adultos mayores como una audiencia a la que hay que empezar a tener en cuenta:
“…tanto entre semana como en fin de semana, a mayor edad menor es la cantidad de horas que se consumen de televisión. Datos de la ECH (CNTV 2005, página 29) sugieren que el número de horas de televisión describe una U suave en el ciclo de vida: es alta durante la infancia, cae con la adolescencia y la adultez, y aumenta nuevamente con la vejez, aunque el número de horas promedio de los adultos mayores es inferior al de la infancia.
… Por nivel educativo (último grado aprobado), a mayor educación, se registra un pequeño aumento en lacantidad de televisión se ve (entre 0.02 y 0.03 horas promedio), tanto entre semana como en fin de semana.
Por estado civil, los colombianos viudos, verían más horas de televisión que los de otro estado civil.” (Cntv, 2008;10,11)
Según los estudios de audiencia realizados por Ibope en el 2006, las personas de estratos altos ven más televisión en promedio que las personas de estratos populares, pero también encontraron que los gustos del televidente están mediados por su acceso al aparato, por la oferta a la que tenga acceso (por ejemplo si tiene cable o sólo recibe la señal nacional), por la calidad de la señal y el poder de decisión que pueda tener a la hora de seleccionar un programa.
Los programas que más audiencia tienen son, como ya se dijo más arriba, las telenovelas, las series, los concursos y los noticieros, estos formatos tienen en común la recreación viva de fenómenos sociales que aparecen en los noticieros y crea conmoción en la opinión pública como las narconovelas, o presentan situaciones de la vida moderna como la lucha salvaje entre clases (reallities) o la discriminación de personas debido a su apariencia (Betty la fea) producto de una sociedad banalizada, que hacen que se vuelva una realidad reconocida, ya no son experiencias aisladas y el televidente se da cuenta que no es a él sólo al que en su familia pasan ese tipo de cosas.
REPRESENTACIONES SOCIALES MEDIÁTICAS
Las representaciones sociales son saberes que se transforman mediante los procesos de intercambio cotidianos, ayudan a conformar la realidad de una comunidad y a configurar las posibles reacciones que un individuo tenga con respecto a alguna situación, nada de esto se lograría sin la comunicación.
En cualquier sociedad moderna los actores sociales, sean individuos o grupos, se exponen a una cantidad impresionante de contenidos culturales que son contradictorios, imprecisos y que expresan visiones de grupos sociales distintos. Es decir, las personas no sólo conocen, aceptan y contribuyen a la preservación o transformación de las representaciones a los grupos a los que pertenecen, sino también reconocen, discuten las representaciones sociales ajenas. (Rodríguez, 2007; 180)
Es importante reconocer que las representaciones se configuran en la mente humana gracias al proceso al que la comunidad somete los objetos sociales, pero no tienen asidero en la realidad hasta que esta advierte el objeto y lo convierte en imagen (entendida en su manera amplia, como ente discursivo, musical, icónico, etc). Toda esta acción contribuye a la reproducción misma, tendiente a difundir la memoria colectiva y el reconocimiento de la representación social a la que hace alusión.
Las representaciones mediáticas provienen de la conjunción de un sujeto que se enfrenta a un objeto cultural que al ser advertido por la comunidad en la que se está inserto, es tomado por un fragmento del grupo social para su análisis y posterior conversión en una imagen que será transmitida y/o dispersada por las personas.
Así las representaciones pueden ser apreciadas desde su acción de producir una reproducción de un original, su cualidad inmediata, su cualidad inmediata así como su posibilidad de construirse en la reproducción misma, o su cualidad mediata. Representación, así, sugiere un algo dado en que el acto de representar duplica a algo de alguna manera y que, además se encuentra in absentia. Esto habitualmente es estudiado como el reino de la mímesis. (Machado Da Silva, 2002; 3)
Cabe aquí reconocer que las representaciones mediáticas son aquellas que se manifiestan dentro de un soporte material manipulado por un sujeto capacitado para reconocerlas. No se refieren únicamente a las que emergen de los medios masivos de comunicación, puesto que los medios de comunicación han existido siempre, aunque con tecnologías diferentes a las que se conocen hoy en día. El papel, el lienzo, la piedra se transforman en literatura, pintura y escultura, que en épocas anteriores constituyeron medios de comunicación; también ahora, a pesar de que en nuestro tiempo no se reconocen del todo como tales.
Este tipo de representaciones con algún soporte material (además del discursivo que es con el que se piensan y se estudian casi siempre las representaciones sociales), contienen en sí mismas un cierto carácter místico y evocatorio al tratar de fijar imágenes (ya sean escritas o figuradas) de algo que no está ahí, que en el plano de la realidad cotidiana no se puede ver ni tocar, puesto que las representaciones sociales en su base de construcción son definitivamente inmateriales.
Con el avance de la tecnología la modernización de los sistemas de comunicación han logrado que los seres humanos estén más expuestos que nunca a las distintas maneras de pensar el mundo. Hoy en día, en un solo año un ser humano puede recibir más información que una persona de 80 años que haya vivido en el siglo XIX durante toda su vida. Es por esto que a los medios masivos de comunicación se les acusa de ser los mayores generadores de emergencias sociales en toda la historia, pues las pugnas de los universos simbólicos a los que se expone la gente a diario se convierten en caldo de cultivo para poner en la palestra las viejas tradiciones culturales que antes se consideraban como naturales.
“Una precisión: cuando se habla de comunicación, no se trata solamente de medios de comunicación; ya no hablamos de transmisión de información. Cuando hablamos de comunicación hoy, desde los estudios culturales, desde los estudios feministas, desde los nuevos ámbitos territoriales de las disciplinas sociales, estamos hablando de comunicación como producción, circulación y apropiación de sentido.” (Dulcey y otros, 2004; 147)
El problema con las representaciones sociales con soporte mediático es que desde mediados del siglo XX, con la aparición de los medios masivos de comunicación, la ampliación casi al infinito del público y con ellos la llegada de la industria cultural (además de la exigencia de aplicación de alta tecnología a los productos y la sincronía en tiempo y espacio), ha llevado a crear representaciones homogéneas con algunas particularidades de identidad local, exigiendo una selección de representaciones, iconos y símbolos que lleva a usar unos y desechar otros, llevando al automatismo de la representación pero con una fuerte adherencia a los real. Pero con el reconocimiento tácito de que toda representación mediática tiene un soporte social con un alto contenido práctico.
“La emergencia social de las nuevas tecnologías de comunicación responde a una necesidad en un mundo que ansía conocerse y entablar relaciones más próximas” (Machado Da Silva, 2002), al ser las representaciones sociales un legado de la memoria colectiva de un pueblo, también es el colectivo el que las somete a juicio cuando encuentra otras maneras de conocer y organizar la realidad. Si las representaciones sociales nos ayudan a encontrar la manera de encajar en la realidad, de entender el pasado y prepararnos para el futuro, las representaciones mediáticas proporcionan una base tangible para dicha organización, son un apoyo para entender el pasado y pensar un futuro o futuros posibles.
Para entender mejor esta definición la investigadora Ada Cristina Machado Da Silva (2002), presenta el esquema de oposiciones que corresponde a las representaciones mediáticas a lo que añade que “una representación establece un anhelo que atraviesa las barreras del tiempo y del espacio. Toda representación nos concreta algo, nos obsequia con una información dirigida hacia nuestra sensibilidad” (2002;5):
En las representaciones mediáticas hay un sujeto que actúa como intermediario en el proceso de objetivación del objeto cultural representado, pero está obligado a responder a los cánones de entendimiento de su receptor, es decir, presentará su objeto representado a un sujeto que está destinado a conferirle sentido al objeto físico que contiene la representación al identificar en él las características que reconoce en su realidad.
En los casos en que se manejan representaciones mediáticas hay una relación directa entre el sujeto que representa, su imaginario y su vinculación con la identidad colectiva del grupo social al que pertenece.
CONCLUSIONES
Esta propuesta de investigación permite reconocer a los medios como formadores sociales y a los adultos mayores como sujetos en constante formación, permitiendo asimismo que los adultos mayores se reconozcan como intermediarios sociales para la producción medial.
De igual manera, contribuye a fomentar la creación de proyectos de intervención que reconozcan y fomenten el papel fundamental de los adultos mayores no solo de los que residen en el Quindío, sino que sirve para fundamentar propuestas para los adultos mayores del todo el país.
Por lo tanto favorece el reconocimiento social de las personas mayores, así como la función mediadora que siempre se les ha otorgado en las crisis sociales como la que ahora enfrenta la región de estar padeciendo un proceso de envejecimiento donde el porcentaje de adultos mayores cada vez es más alto y no hay políticas que apoyen su desarrollo.
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* RODRÍGUEZ. Paola. Comunicadora social con especialización en televisión de la Pontificia Universidad Javeriana, docente de televisión en la Universidad del Quindío y estudiante de maestría en Comunicación de la Universidad de Medellín.
* CAMARGO PARDO. Andrea Catalina. Comunicadora social de la Universidad de Pamplona, enfatizada en comunicación para el desarrollo. Estudiante de la Maestría en comunicaciones mixtas de la Universidad de Medellín.
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