Por Paola Rodríguez*
¿Qué significa y qué implicaciones tendría la selección u omisión equivocada de un acto?
Todos nacemos con posibilidades pero muy pocos las aprovechan, pero ¿a todos nos dan las mismas posibilidades? Un niño que nace en una tribu indígena del Cauca puede tener o no las mismas opciones de vida que un niño educado en Bogotá, por ejemplo en el Gimnasio Moderno donde se han educado la mayoría de los presidentes de Colombia. Se podría decir que no en primera instancia, pero tampoco es del todo cierto. Hay un indígena (Rojas Birry) que es senador de la República y hay un egresado del Gimnasio Moderno que da clases de inglés en Bucaramanga porque no ha conseguido que sus empresas prosperen.
No hay ventajas que aseguren el éxito, ni desventajas que obliguen a alguien a no ser nunca la persona que quiere ser. Cada uno escoge su destino. Se trata más bien de actitudes personales e impulsos íntimos que hacen que una persona sin importar su origen sea la persona que es, también se trata de los límites que las circunstancias nos imponen pues si un ser humano tiene un deseo de hacer algo y no encuentra quien lo siga o legitime su acción es probable que ese deseo nunca se llegue a realizar. Esto implica que nadie se realiza solo, también es víctima o victimario de sus propias circunstancias.
La selección u omisión de un acto nos lleva a la eterna pregunta de: ¿qué hubiera pasado si…? Pues cualquier ser pensante se ha visto afectado por una acción ya sea que se realizó o no y que implicó un cambio en su vida. Pensar sobre lo que significa que una especie seleccione de manera equivocada un acto por otro, significa pensar en mundos posibles generados a partir de las realidades conocidas o intuidas que están en desorden a nuestro alrededor y que se organizan en la mente. Así lo explica el doctor en literatura Frank Kermode cuando dice “no es que seamos grandes ‘connaiseurs’ del caos, sino que vivimos rodeados por él y sólo contamos con nuestros poderes de producir ficciones para poder coexistir con él”. (Kermode, citado por Bueno; 1994: 385).Pensar en las posibilidades que una realidad pasada nos pudiera ofrecer, es querer organizar el caos que hay sobre la realidad pues la verdad es que no soportamos el presente y quisiéramos arreglar el pasado. Al respecto Umberto Eco (1981) dice “ningún mundo posible podría ser totalmente autónomo respecto del mundo real, porque no podría caracterizar un estado de cosas máximo y consistente a través de la estipulación ex nihilo (desde la nada) de todo su mobiliario de individuos y propiedades” (página 185).
De acuerdo a las teorías de la física cuántica, en particular con respecto a la posibilidad muy real (para ellos) de que no haya un universo sino miles de universos, estaríamos hablando de la eventualidad de que cada posibilidad de acción que se nos ocurra en el momento en que una situación se nos presente o en el futuro cuando pensamos sobre aquello que dejamos de hacer o hubiéramos querido que pasara, estamos creando otro universo que es una réplica de este pero con una acción que fue omitida en este. Tenemos un sinfín de universos paralelos, que como dice Eco (1981) no salieron de la nada, sino que parten de hechos conocidos. Uno de los teóricos que postulan estas teorías es el inglés David Bohm, otrora discípulo de Albert Einstein, quien junto con el norteamericano Terrence McKenna y otros teóricos sostienen que el Universo así como todo lo que hay en él son un entramado de hologramas que pertenecen a un universo superior en el que todos y cada uno de los seres, todos y cada uno de los pensamientos son una parte del todo y el todo es una parte de cada una de esas cosas.
Por el momento es muy difícil sostener esa teoría, se interna en el terreno de las creencias y de cada uno depende aceptar o no esa posible realidad. Son los seres humanos, quienes a través de su inclinación gregaria crean redes de comunicación buscando entender ese mundo en el que les tocó vivir, así se crean ecosistemas comunicacionales basados principalmente en el desarrollo de la capacidad narratológica humana.
Sí, así ha sido desde siempre: todo lo que se escapa al raciocinio se alcanza por lo irrazonable de la mente humana. Cada vez que un autor crea una historia está expandiendo los límites de la realidad, amplía la onda del big-bang del universo mental. Por muy parecida que ésta –la historia inventada- sea a la vida normal en que todas las personas están sumergidas, nunca será la vida real. El autor crea un mundo posible, el cual está hecho para satisfacer la necesidad narratológica que permite creer y aceptar aquello como real, hasta el punto mismo en que habrá quien desee que sea real. (Leal, 2008;32)
De cualquier manera, apegándose a las teorías de la física cuántica esas creaciones aparentemente ficticias crean su propia realidad otorgándole vida en ese entramado holográfico del que habla McKenna. Esa diversidad de realidades obligan a entender que estas dependen de los sistemas de información (sensoriales, culturales, informáticos) a través de los cuales se acceda a ellas en primera instancia. Esa dinámica de acercamiento, en la que se sabe que es imposible conocer todo sobre algo implica que se acepte una información y se desechen otras, por ejemplo, cuando se decidió complacer a la gente a través de creaciones televisivas se decidió privilegiar la vista y el sonido por encima de los otros sentidos, se dispensó un mayor espacio para la emotividad que para la razón. Esto quiere decir, que cualquier acto humano o no implica una selección a la vez que un rechazo de otras opciones. Es posible que las “otras opciones” ni siquiera lleguen a ser consideradas porque la experiencia sensible y consciente no las tiene en su acervo mental.
Joan Ferrés (1997) citando a Walter Lippmann recuerda que “nuestra manera de ver las cosas es una combinación de lo que allí se encuentra y de lo que esperamos encontrar” (p. 32). Cuántas veces nuestros sentidos nos engañan y creemos ver una línea blanca sobre la carretera cuando lo que en realidad hay es probablemente un reflejo, esto sucede porque nuestra experiencia nos dice que ahí por costumbre debe estar la línea blanca y no esperamos ver otra cosa. Es decir, seleccionamos ver una línea y no otra cosa.
Cuando esa costumbre de leer el mundo de cierta manera corresponde a acuerdos tácitos realizados con una comunidad hablamos de estereotipos, que es una acción reduccionista de los modelos sobre los cuales toda una comunidad basa su manera de entender el mundo. Que si bien suenan como algo malo (por costumbre se han considerado como malos) son necesarios para que un sistema cultural desarrolle sistemas de comunicación que les permita entender como todo encaja dentro del mundo y como encajamos dentro de él, permite reconocer qué esperar de los demás así como entender qué esperan los demás de nosotros.
El estereotipo aprovecha unas necesidades de carácter primario (el placer inmediato, la economía del esfuerzo, la necesidad de emociones elementales…) para ejercer una influencia ideológica o ética, legitimadora del estatus social, político, económico y cultural. Un proceso que puede ser intencional o involuntario. Lo mismo da en lo que atañe a los efectos. Al eliminar la complejidad, el estereotipo elimina las contradicciones, tanto personales como de las estructuras sociales. Es un recurso eficaz en todo proceso de homogeneización en la interpretación de la realidad, homogeneización de ideas, principios, valores, gustos o comportamientos. (Ferrés, 1997; 156)
Se puede elegir no seguir el estereotipo, pero no todo el mundo está preparado o dispuesto para ello. De cualquier manera se trata de selección, todo es el resultado de una serie de opciones que se descartan y otras que se privilegian. A diario se presentan momentos en que se deben tomar decisiones de someter una acción a su realización o a su omisión. La sociedad misma es el resultado de una continuidad de acciones que se omitieron y otras que se realizaron, no existen acciones positivas o negativas, existen las acciones que se dejaron de realizar.
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